Las fuentes del miedo, por Jordi Gil Martín

“Algunos tienen miedo a los demás, mientras que otros se temen a sí mismos. Unos a la muerte y otros a la vida; unos a la oscuridad y otros a la luz; unos a la mentira y otros a la verdad.”

César Fernández García

Jordi Gil Martin. Cuando hablamos de la calidad del miedo nos referimos a saber de qué está hecho, qué expe­riencias reales o imaginadas, o qué situaciones temidas, lo configuran. Distinguir los principa­les miedos que vivo me facilita su gestión. So­lemos ser especialistas en uno, dos a lo sumo, pero no en todos ellos. Delimitar mis miedos es importante para detectar dónde poner más atención, criterio y sentido común. Es así como damos forma a los propios fantasmas para po­der gestionarlos de manera adecuada, evitando esa indefinición que nos transmite tanta sen­sación de dificultad. Da nombre a tus sombras. Si no sabes dónde estás yendo, probablemente no llegarás ahí, recomienda Tom Hanks en Forrest Gump.44

El miedo nace de una percepción/sensación de amenaza que anticipa un peligro, un daño potencial. Normalmente son recurrentes, y sabemos en suma “de qué va nuestra peli de miedo”. Los miedos básicos más presentes en nuestras vidas suelen ser:

• Miedo a recibir o infligir un daño físico, moral o psicológico ya sea ser agredido o agredir, recibir una humillación, un desprecio, …o el miedo a la depresión, a la locura, …

• El Miedo social, al rechazo, a dejar de per­tenecer a la manada, ya sea por perder la imagen o el status que uno quiere mantener, o porque los demás descubran mis debilida­des y flaquezas (quizás no soy tan inteligente como aparento), esas miserias que alimentan el desprestigio que nos provoca el temor de una exclusión –ya sea de la familia o de cual­quier grupo significativo para nosotros– que nos confine al aislamiento. Está en juego, por tanto, la pertenencia, la inclusión-exclusión.

• Miedo a vivir una situación que no pueda superar, a entrar en un callejón sin salida en 45 el que mi vida quede estancada –una enfer­medad crónica, una muerte cercana, quedar­me viudo/a… cualquier indicio de impotencia crónica e irremediabilidad.

• Miedo al cambio –ya sea agradable o des­agradable–, a ser feliz, al éxito, a un cambio de trabajo, a la vejez, a lo desconocido,…. Según el budismo, este miedo desaparece cuando obtenemos plena conciencia de la permanente impermanencia, de cómo todo cambia siempre. Todos estamos expuestos a sufrir dolores, arrugarnos, envejecer y a perecer. Por el camino inevitablemente las cosas irán cambiando para lo bueno y para lo no tan bueno. ¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle? (George Herbert –1593 a 1633–, poeta religioso inglés).

• Miedos heredados/aprendidos. Algunas personas con las que convivimos a lo largo de nuestra biografía (principalmente nuestros padres) nos transmiten formas de ver el mun­do y sus correspondientes miedos, como que el mundo es malo o lo terrible de no ser reconocido. Estas creencias son un préstamo que debemos devolver a quienes pertenecen para diferenciarnos. Con Deepak Chopra, No siempre debemos aceptar lo que heredamos. Simbólicamente, sería como decirle a mi madre “dejo contigo tu miedo a la vida y me quedo con los míos”.

Cuenta una antigua fábula india que había un ratón que estaba siempre angustiado porque tenía miedo del gato, así que un mago se com­padeció de él y lo convirtió… en un gato. Pero entonces empezó a sentir miedo del perro, de modo que el mago lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador. Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole:

“Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de un ratón.”

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